Ahora entiendo al Príncipe
Ahora entiendo al Príncipe y a tantos otros cuando dicen que se pueden pasar horas comiéndose un coño sin cansarse, disfrutando del placer que está sintiendo la otra persona, sin prisas, metiendo la lengua profundamente en la vagina, o frotando y succionando el clítoris, o recorriendo el anillo anal, o aspirando el olor a deseo y sexo que emite, o bebiendo sus jugos… y el placer que se siento cuando se notan las contracciones de la propietaria de dicho coño cuando la recorre un orgasmo, ufff.
Pero si además tienes a otra persona haciéndote a ti lo mismo a la vez… entonces es para morirse, y si luego ese mismo hombre que me lo está haciendo a mi, cuando nos dedicamos las dos a hacerle gozar, nos tiene que decir en repetidas ocasiones “ummm que bien me lo estáis haciendo, no sigáis que no voy a poder controlarme… parar un momento por favor” entonces… es cuando te das cuenta que este trío, tan esperado como deseado, está resultando todo un éxito.
Tras cuatro horas de sexo completo, con un par de paradas como “sobremesa” (jeje) tendré que hacer un ejercicio completo de memoria para ordenar los hechos lo más concretos posibles (pero estoy segura que me va a costar trabajo).
A ver… todo empezó cuando al llegar a la habitación, ella me puso un antifaz y me tapó los ojos y todo se volvió oscuridad… oscuridad y muchas manos acariciándome por todos los sitios…
