Relajada a la reunión
Sentada ante mi mesa en la oficina, llevo una tarde tediosa, no me apetece hacer llamadas, ni redactar cartas o informes, ni sacar listados nuevos, entonces veo como mi móvil, que lo tengo en modo vibratorio, empieza a temblar… “número desconocido” e instintivamente y sin saber porque, me pongo nerviosa.
Su voz profunda, sensual, hablándome casi en susurros “hola Gali, como estás princesa?” “ummm eres tu!!!!” e inmediatamente noté mi excitación humedecerme, yo también bajo mi volumen de voz pero los dos nos oímos perfectamente “te he echado mucho de menos” “ufff y yo a ti también” “quiero verte esta tarde, llevo todo el día acordándome de ti y ya no puedo más” “joder hoy no puedo, tengo una reunión dentro de media hora y no sabes como me has puesto” “Gali… te vas al baño?” “dame dos minutos y vuelve a llamarme, me voy al de la última planta que está menos transitado”.
Pillo el móvil y unos papeles para disimular y me dirijo al ascensor aparentando calma, pero voy tremendamente excitada, empapada y calenturienta. La última planta solo se utiliza para guardar las cajas de los archivos de años anteriores, por lo que se sube relativamente poco, entro en el baño y mientras recibo la llamada me voy desabrochando la blusa y bajandome las medias y las bragas y la falda la remeto por la cinturilla. Empiezo a acariciarme antes de que el móvil vuelva a vibrar, por fin la llamada, él está excitado, noto su voz ronca, me dice como está su polla en su mano… tiesa, dura, con unas gotitas en la punta del glande y a mi se me hace la boca agua de pensar en chupar ese glande, beberme esas gotitas, metérmela entera en mi boca, mis dedos ya están frotando mi rajita que está muy lubricada, mi clítoris, los introduzco dentro de mi vagina, estoy jadeando, le digo que quiero verle, que necesito que sea su lengua la que me haga gemir y me paso las lengua por mis labios para humedecerlos, tengo la boca seca y le oigo jadear, oigo como su mano bate su polla y me dice “ohh princesa… que bien lo haces, avísame cuando te vayas a correr, te espero” meto los dedos en mi boca y tras sacarlos mojados de saliva los paso por mis pezones, los pellizco y se me escapa un quejido de placer, vuelvo a frotar mi clítoris más deprisa, lo estoy notando, el orgasmo me está llegando pero es largo, lo estoy dilatando hasta que no puedo más y le aviso con la voz entrecortada, le digo que me estoy corriendo, me tiemblan las piernas, noto que me mareo y sobre todo le oigo a él corriéndose al otro lado del teléfono, me he sentado en el suelo con las manos aún entre las piernas notando las contracciones, mientras los dos recuperamos lentamente el ritmo normal de nuestras respiraciones.
Ha sido maravilloso y sobre todo terapéutico, porque voy a entrar en la reunión más relajada que un bebé.
