Cena íntima
Es increíble como has llegado a meterte dentro de mi cabeza, dentro de mi piel… desde el primer momento que nos conocimos… conectamos tu y yo, conversabamos en broma y en serio, pero siempre estaba deseando verte aparecer, para que me enseñaras tus conocimientos, con tu paciencia, hasta cuando no prestaba la suficiente atención a lo que decías jajaja… para que habláramos de nuestras fantasías eróticas… como te eché de menos durante tu viaje (ufff que largo se me hizo…) y como lo notaste tú.
Cada vez que me enseñabas algo nuevo, yo decía que aumentaba mi deuda contigo, creo que inconscientemente estaba deseando que nos viéramos… que tuviéramos ese encuentro que por fin se hizo realidad el jueves, cuando me dijiste “… ¿comemos o cenamos?” “si comemos… tiene que ser en el polígono industrial junto a la oficina…” “entonces quedamos a cenar… te voy a llevar a la Cuesta Las Perdices… al restaurante El Latigazo… pero no es sado ehhh?” jajaja. Estaba encantada… iba a cenar contigo… incluso llegué a fantasear que tuvieras prisa en terminar la cena para llevarme a un lugar más tranquilo, donde estuviéramos solos…

Cuando nos vimos en la gasolinera, ya me pareciste tremendamente atractivo, más de lo que imaginaba, después… en el restaurante… tu pose, tu voz, tu saber estar, tu conversación… todo, entonces ya no era una fantasía… era un deseo, eran unas ganas tremendas de que me cogieras de la mano, me metieras en el coche y me llevaras a cualquier sitio.
Se me pasaron las horas sin enterarme, me hacías hablar de todo, me observabas detenidamente, cuando me dijiste “… me has sorprendido muy gratamente…” me gustó, y cuando nos íbamos del restaurante hacía el coche, y me encontré entre tus brazos… esos besos, tus labios en mis labios, tus brazos alrededor de mi cintura, los míos sobre tu cuello… quería más, quería mucho más y aún ahora quiero más, no puedo conformarme con ese adiós que te empeñas en poner entre nosotros y que noto que en el fondo no te atreves a lanzar, porque sé que tu tampoco quieres esa despedida, ¿o estoy confundida? ¿quieres realmente que nos digamos adiós para siempre?
Hoy no he dejado de pensar en ti, en esa comida, en que me hubiera encantado ser yo la que estuviera comiendo contigo… paseando por tus jardines contigo, admirándolos junto a ti, extrañando tus abrazos y tus besos y con temor a que cumplieras con tu amenaza de no volver a verme nunca más.
Tu tienes la última palabra… tu decides, si que puedes ayudarme a escribir este relato… diciéndome que tengo que poner a continuación… adiós o hasta mañana?
