CRONICA DE UN EXTRAÑO FIN DE SEMANA (I)
SABADO
Había quedado con un amigo del messenger en vernos y por fin conocernos, esta persona habla conmigo a diario por teléfono y nos contamos todo lo que hacemos (él más que yo), lo que pensamos, nos aconsejamos y no sé porque cosa extraña se fía de mis pálpitos. Si, tengo pálpitos, hasta ahora él era el único que creía en ellos, a partir de ahora yo seré la primera en fiarme de mi misma. Por ejemplo, cuando él conoce a una persona, solo con lo que me cuenta como de pasada, noto si tiene buena pinta o si por el contrario le va a salir mal, él dice que siempre acierto (y es verdad, cuando alguien se me atraviesa…)
Un día me preguntó si había tenido algún pálpito sobre nosotros, él no paraba de decirme que cuando nos viéramos follariamos como locos, pero a mi, mi pálpito, me decía que no, que no íbamos a follar.
Nuestra relación era casi como de dos amigos, pero con “o”, no un amigo y una amiga, sino un amigo y otro amigo, por eso el sábado cuando nos vimos, durante la comida, la impresión que me dio fue que yo era un coleguita más y así me veía él, o quizás esa es la explicación que yo me quiero dar a mi misma a las calabazas que me dio, porque yo iba predispuesta a follar con él, principalmente porque me apetecía mucho y porque después le encontré atractivo y muy seductor (vamos un canalla, cabrón y seductor en toda regla).
En fin… que comimos juntos, una comida súper-agradable, conversación fluida y relativamente cómoda, aunque para mí no tan cómoda porque estuve excitada toda la comida y eso fue lo más raro, que yo estaba totalmente convencida que no estaríamos juntos él y yo y sin embargo me dolió y mucho cuando, en vez de quedarnos en la habitación del hotel, nos marchamos a una terraza a tomar un café y charlar.
Follar, no he follado con él, aunque lo deseara… pero creo que la amistad la continuaremos teniendo y eso me gusta, después casi le he echado de mi lado… me sentía un poco dolida y como me conozco y tengo prontos muy malos en los que digo lo que pienso en vez de pensar lo que digo… pues eso, que más vale un retirada a tiempo y yo me marché y cuando al despedirnos nos hemos abrazado y me ha dicho “Como me apetecía abrazarte…” creo que eso me ha confirmado que me ve solo como una amiga.
Menos mal que el domingo… me resarcí.
