Fantasia del Principe
Escrito por el Principe de la Lujuria
Vendo la casa. Sí, la casa en la que he vivido durante años. La casa que me ha visto follar, borracho, ebrio de sensaciones, sátiro desde que llegué. Voy a echar de menos esta pared. La que tengo frente a mi mientras escribo. La que, muda, me observaba mientras eyaculaba imaginando que al otro lado había alguien. Tenía el ojo de la cámara, es verdad. Y un teclado en el que escribir guarradas, con una mano, la siniestra semimutilada mientras la diestra meneaba mi polla con ganas de estallar en mil gotas de placer pornográfico.
La vendo y pongo el anuncio en Internet. Fantaseo con ello. La compradora que acudirá a escudriñar hasta el último rincón. El pesado que se fijará en la pelusa inoportuna que no supo esconderse. La niña que no podrá pagar la cifra con la que pretendo especular. El estudiante que soñaría con un piso así para follarse a mi vecina de enfrente.
He cerrado una visita. No es demasiado temprano. Más bien es de esas horas absurdas, a media mañana, en las que ni la líbido quiere aparecer. Estoy sólo y hace un calor de mil demonios. Es dichoso julio se ha convertido en insufrible y mi única diversión es navegar por blogs.
Leo los deseos de mujeres calientes. Realmente no sé si lo inventan o relatan su ealidad. Chateo, o lo intento. Con bigotes que dicen tener tetas, mientras el reloj de la máquina se acerca al momento de la cita. Cuento mi vida. Las cuitas de un Príncipe en búsqueda de una princesa. La búsqueda eterna de un Grial libidinoso que no acaba de llegar.
Suena el timbre. He decidido no cambiar de imagen. Rizos jevimetalúrgicos. Pantalón corto mostrando canillas deseosas. Camiseta sin mangas. Abro la puerta y se muestran frente a mí.
Son tres personas. Dos chicos y una chica. Se presentan y nos saludamos cordialmente. No puedo evitarlo: el botón desabrochado de la camisa de ella es el foco de mi atención. Pasamos al salón y comienzo a enseñar mi pequeño castillo. Ellos asienten y se interesan por los detalles. Ella prefiere lo más nimio. Da la impresión de pasar de todo, pero juega con el piercing de su labio de forma perceptible. Les enseño la casa entera. 100 metros de hipoteca terminados en el dormitorio.
Miran la cama. Uno incluso se sienta. Invita al otro a sentarse también. ¿cómo se llamaban? Me da igual. El ombligo de ella empieza a obnubilarme. La rozo la cintura mientras de mi boca se escapa un borde-comentario "¿tú también quieres sentarte?"
Se sienta. Vaya si lo hace. Y una mano de las cuatro que están en mi cama tiradas se desliza por su espalda. Y me da igual. Me bajo el pantalón corto de chandal carrefourero y mi polla se despliega ante la boca de la morena. No espero un segundo y se la meto entre los labios. Mi mirada observa como los dos amigos se magrean. O no. Tal vez es un espejismo. Pero mi polla ha crecido hasta un nivel que no conocía.
Me muevo hasta sentir mis cojones casi en su garganta. He echado mi cabeza hacia atrás porque no quiero ver nada. Sólo siento mi orgasmo llegar en oleadas. Mamada breve. Mamada inconsistente. Y entre cerrando los ojos me da la impresión de atisbar pollas, tetas, coño, y la gran pregunta:
¿Está el IBI al día?
Muevo la cabeza. Qué coño hago en este verano estultícico? Ah, ni idea, pero al menos hay blogs por visitar, al menos Gali sigue posteando...
