A la hora de comer... (II)
Abrió la puerta y me hizo pasar con cierta brusquedad, cerrando la puerta de un golpe, me puso contra la pared levantando mis brazos por encima de mi cabeza y sus manos subían y bajaban por mi cuerpo a su antojo, mientras su boca recorria mi boca, mi cuello, el lóbulo de mi oreja, dejando una sensación de fuego con su aliento, su cuerpo apretado contra el mío, haciendome notar con su erección que ya estaba preparado, que tenia ganas y yo me humedecía desde que entré, notaba mis fluidos empapar mis braguitas.
Nos desnudamos con muchas prisas, dándole tirones a la ropa y cuando estuvimos desnudos, él me dio la vuelta y puso mi cara y mis manos en la pared, me hizo separar las piernas y retirarlas, estaba inclinada dejando a su merced mi culo, con las piernas abiertas, acercó una silla y me hizo poner una pierna sobre ella, la postura ya me estaba excitando, pero más cuando estando totalmente abierta y de espaldas... sin verle la cara ni saber sus intenciones empezó a pasar su mano por mi rajita totalmente lubricada, llenó sus dedos de mis flujos, llevándolos hacia arriba hasta mi ano, su mano recorría mi raja por toda su longitud, llegaba hasta mi clítoris, volvía hacia mi vagina e introducía sus dedos dentro haciendo un mete-saca leve, para después de retirarlos continuar hasta mi ojete, donde presionaba levemente haciendo circulos.
Su otra mano recorría mi espalda, rodeaba mi cintura y aprisionaba un pecho pellizcando mis pezones, yo totalmente excitada, dejaba escapar gemidos mientras mi pelvis ejercía movimientos al mismo ritmo que la mano de él me masturbaba desde atrás. Mi respiración se aceleró y mis gemidos se convirtieron en gritos cuando me noté una corriente eléctrica que me recorria la espalda, mientras sentía como me llegaba mi primer orgasmo.
Sin darme descanso y en la misma posición, mientras aún recuperaba el aliento, me penetró con su polla dura y erguida hasta el fondo, sus movimientos fueron desde el principio duros y rápidos. Yo estaba muy caliente, de pie, mirando a la pared, inclinada hacia delante, con una pierna encima de una silla y penetrada desde atrás, me cogía del pelo y tiraba de mi cabeza hacia atrás... me tenía donde él quería... enteramente entregada a él.
Pronto sentí que me iba a correr de nuevo, y cuando se lo dije, paró... me tumbó en la cama y abriendo mis piernas metió su cabeza en medio, su lengua terminó el trabajo que había comenzado antes su polla y consiguió que temblara de nuevo ante otro orgasmo, esta vez él se bebió toda mi corrida porque no se retiró hasta que mi respiración volvió a la normalidad.
Yo quería montarle, cabalgarle, sentirme llena de él, pero estaba cansada y con apenas poco tiempo y decidí hacerle una “comidita” como justa recompensa al placer que él me había dado.
Le hice tumbarse en la cama, yo me arrodillé entre sus piernas y cogiendo su polla entre mis manos, comencé a lamerla, estaba dura y cuando apretaba mi mano sobre su base... notaba como palpitaba, y sin pensarlo más me la fui metiendo despacio hasta el fondo y mirándole a los ojos veía su cara de placer y notaba su polla dando saltitos dentro de mi boca, chocando contra mi paladar, metiendola cada vez un poco más hasta que su pelvis se levantó y sentí que le venía y me dispuse a tragar todos los chorros de esperma que salieran disparados.
Tras despedirnos apasionadamente, cogí mi coche y salí. Tenia el tiempo justo para vestirme e irme a la oficina de nuevo, no podía ducharme, y me notaba un olor a sexo que delataba en que había consistido ese día mi “comida”.
