Buena relación con mi vecino... (II)
Su boca bajaba por mi cuello dejando un reguero de fuego, llegando a mi pecho... lamiendo un pezón que se puso duro al contacto de su lengua, mi espalda se arqueaba pidiendo más y él prestó atención al otro pezón metiendolo en la boca y succionándolo, yo jadeaba y ponía mis manos sobre su cabeza guiándola hacia más abajo... hacia mi sexo que palpitaba y reclamaba la atención de esa lengua. Él no se hizo de rogar y paso la lengua por mi rajita ya lubricada y se aproximaba al clítoris , volvía a bajar y la metía hasta dentro, notaba como me estremecía cada vez que metía y sacaba su lengua de dentro de mí, mi pelvis subía y bajaba con un ritmo frenético mientras con mis dedos comencé a frotarme el clítoris a la misma velocidad, mis jadeos se convirtieron en gritos cuando me llegó el orgasmo, su boca bebió mis fluidos y mis caderas se convulsionaron durante un momento más hasta que mi respiración se hizo más regular.
Jorge sacó su cabeza de mi sexo y subiendo por encima de mí, me besó de nuevo, yo lamía sus labios que tenían el rico sabor de mi corrida, pasé mis brazos por su nuca y bajándolas hacia su espalda, le empujé levemente hasta ponerme yo sobre él, yo seguía con hambre y ahora era yo la que quería “comer”.
Levanté sus brazos por encima de su cabeza, y mis labios dejaban besos a todo lo largo de sus brazos, pasaba por su axila y mi lengua acariciaba su vello y aspiraba su olor, mezcla de Hugo...sudor y... sexo, continué mi recorrido y lamí un pezón hasta notarlo duro y lo mordí ligeramente, arrancándole gemidos pasando al otro rodeándolo con la punta de la lengua. Seguí bajando hacia su ombligo, lo lamí y Jorge arqueaba su espalda pidiendo que mi boca atendiera su glande, pero yo bajando por sus caderas, me dirigí hacia sus piernas, sus muslos y por fin le hice todos los honores. Él puso sus manos sobre mi cabeza y retiró mi pelo para mirarnos a los ojos, mientras mi lengua recorría toda la base, desapareciendo en el interior de mi boca lentamente, mi cabeza subía y bajaba y notaba como crecía y palpitaba cada vez más.
Yo seguía excitada y decidí montarlo disfrutando los dos a la vez, de manera que sacándomela de la boca, e incorporándome sobre él me puse con mis rodillas a ambos lados de su cuerpo y bajando despacio me fui empalando poco a poco. Yo subía y bajaba y me movía en círculos mientras su mano frotaba mi clítoris con avidez haciendo que los dos nos corriéramos casi a la vez mientras yo dejaba escapar pequeños gritos de placer y cayendo sobre su pecho aun montada sobre él, hasta que nuestras respiraciones volvían a su ritmo normal.
