Buena relación con mi vecino... (I)
Se me había estropeado el coche y lo tuve que dejar en el taller, me dijeron que tardaría una semana y ya iba yo de mala leche a clase, más madrugar y más frió esperando el autobús. Tuve suerte y la primera mañana esperando en la parada y casi camuflada bajo mi bufanda, paró un coche y un vecino me hizo señas para que entrara, ni me lo pensé dos veces.... me encanta ir en coche, con la música puesta, con la calefacción encendida y de puerta a puerta.... joder que comodona soy... ainnnsss.
Jorge es un tipo majísimo, esta separado desde hace poco y ha vuelto a casa de sus padres, antes le había tratado muy poco, porque estando casado era un poco arisco y seco, pero desde su separación estaba de lo más amable y cuando coincidíamos me saludaba con bromas y metiéndose conmigo con mucha guasa. Tras preguntarme hacia donde iba, me dijo que me llevaba, que le pillaba de camino. Me monté y empezamos a charlar, le conté lo que le ocurría a mi coche, y él se ofreció a llevarme y a traerme todos los días, porque coincidíamos en horarios y recorrido.
Aquel primer día noté unas miradas tan cálidas por su parte que hacían que notara unas cosquillas por dentro y mis braguitas se humedecieran.
Cuando pasó a recogerme a mediodía me invitó a comer, acepté y me llevó al restaurante de un hotel que nos pillaba de camino a casa, yo lo había visto desde fuera centenares de veces... pero nunca había entrado, era acogedor y se comía francamente bien. Durante todo el rato, Jorge no paraba de gastarme bromas, de insinuarse y le daba a la palabra “comida” un doble sentido que me hacía desear un “algo” más, estaba excitada... caliente... lubricada y deseando besarle en esos labios que atraían mi mirada una y otra vez.
En los postres él se acercó a mi oído y me susurro “Me quedan ganas para una comidita más a fondo... y a ti? Debió leer la respuesta en mis ojos y en mi sonrisa y en mi lengua cuando me relamí los labios.
Pago la cuenta y fuimos a recepción, donde pidió una habitación doble, entramos en el ascensor y en ese momento cogió mi cara entre sus manos besándome en los labios primero e introduciendo su lengua después, fue un beso intenso que provocó mis primeros jadeos.
Abrió la puerta de la habitación, pasamos y tras cerrar la puerta nuestras manos comenzaron a acariciarnos mutuamente mientras nuestras bocas intentaban saciar la sed que teníamos el uno del otro. Nos desnudamos con prisas y caímos en la cama en un revuelo de brazos, piernas, bocas y lenguas.
