Sección de Lenceria
Cuando llegué a la sección de lencería elegí varios modelos de los expositores al azar, y sin volver la vista, sabia que él estaría cerca disimulando, me dirigí hacia el probador y oí unos pasos que entraban detrás de mí.
Entré en el probador, dejé la puerta abierta, porque había poca gente, y a la espera de que él llegara empecé a desnudarme. Me quité la blusa, y me desabroché la falda y mirándome en el espejo, le vi entrar y cerrar la puerta.
Quedamos los dos así, yo con el sujetador negro de encaje, la falda desabrochada y ligeramente caída, mirándome en el espejo reflejada y él a mi espalda, mirándome fijamente a través del reflejo con ojos de deseo.
Me bajó la falda con movimientos lentos, eran casi una caricia, me apartó el pelo y me rozaba el cuello con sus labios, sus manos pasaban desde mi espalda hacia mi pecho por debajo de mis brazos y tras quitarme el sujetador, con dos dedos pellizcaba mis pezones, de mi garganta escapo un gemido, que inmediatamente tuve que sofocar, pero la imagen que me devolvía el espejo era realmente excitante.
Yo de pie mirando mi reflejo, él detrás de mí mirándome también, yo desnuda, él con sus brazos apretando mis pechos y una mano suya bajando hacia mis braguitas negras y apartándolas metió sus dedos directamente en mi sexo, no le costó trabajo meterlos... yo estaba muy lubricada, muy excitada y empapada. Sus dedos entraban y salían cada vez más rápidos y mi cabeza se apoyó en su hombro, mis manos acariciaban sus manos una sobre mi pecho y la otra en mi coñito acompasando sus movimientos. En un momento, sacó sus dedos de mi vagina y yo dejé escapar un quejido, pero mi boca se llenó de esos dedos empapados de mis jugos, yo los chupe, los lamí y volvió a bajarlos, esta vez para frotar mi clítoris.
El orgasmo me llegó sin avisar, la imagen que me devolvía el espejo era tan sensual que los espasmos me recorrían todo el cuerpo, y él al notar que me llegaba me sentó rápidamente y puso su cabeza en mi entrepierna y su lengua recogió toda mi corrida. Yo solo miraba la imagen que los espejos de todas las paredes reflejaban y con su lengua recorriendo mi rajita y chupando mi clítoris, alcancé un nuevo orgasmo agarrandome a su cabello y apretando su cabeza para que entrara lo más adentro posible.
Me ayudó a vestirme mientras los dos susurrábamos y nos reíamos de nuestro juego morboso y tras despedirnos con un beso ardiente, yo salí del probador y me dirigí hacia la salida sin mirar atrás, pero sabiendo que él no me quitaba la vista de encima.
