Trabajando en el Parque de Bomberos (II)
Cuando se iba acercando la noche, todos estabamos relajados charlando en el gran salón con sillones, esa no era un entrevista seria pero yo
iba tomando notas mentales de tantas cosas, que sentí la necesidad de
retirarme a la habitación que me habían adjudicado para plasmar todo
lo que bullía en mi cabeza.
Tras una hora larga enganchada al ordenador, levante la cabeza y me
recosté en la cama, quedándome adormilada, de repente noté un calor
intenso que sentía en lo más profundo de mí, mi boca estaba seca por
mucho que yo me chupara los labios, mi espalda se arqueaba como si
tuviera voluntad propia y a lo lejos oía gemidos quedos... eran míos y
abrí de golpe los ojos al notar una mano acariciando mi pecho y unos
dedos pellizcando uno de mis pezones mientras el otro, húmedo, se
encontraba dentro de una boca... la de Marcos.
Una vez que me tuvo despierta y mirándome a los ojos, me desnudó y una de sus manos apretaba mi sexo y me lo frotaba, estaba empapado y metió unos dedos dentro de mi coño haciendo que mi pelvis se elevara más todavía. En ese momento se escapó de mi garganta un gemido que rozaba el grito y con su mano libre... me tapó la boca, había olvidado que estabamos rodeados de gente... como me estaba poniendo!!! Rodeada de gente... en un Parque de Bomberos... y Marcos follandome con impaciencia con sus dedos y llevándome al borde del orgasmo, mientras me tenía tapada la boca con la otra mano.
Cuando alcancé el orgasmo y notó los espasmos en mi vagina apresando
sus dedos, los retiró y fue su boca la que bebio mi corrida. Su lengua
no paró de recorrer los labios, el clítoris, el interior de mi vagina,
entrando y saliendo, estaba a punto de correrme de nuevo y al
decírselo sacó la cabeza de entre mis piernas y desnudándose a toda
prisa me penetró y fue con su polla dentro de mí con la que tuve un
nuevo orgasmo. Él seguía penetrándome con fuerza, su pubis chocando
contra el mío, mis piernas por encima de sus hombros y mis manos
excitando mis pezones. Tras varias embestidas, y abrazandose a mí,
rodó por la cama hasta ponerme encima de él y mientras yo me movía en círculos con su pene dentro, sus dedos frotaban mi clítoris con
firmeza, mi espalda se arqueaba para recibirle más dentro de mí y me
pidió que le avisara cuando me fuera a correr para hacerlo juntos.
Así lo hice... cuando note de nuevo las contracciones, bajé sobre él
con más firmeza y sentí como se derramaba dentro de mí, caliente,
espeso.
Aquella noche dormimos poco porque a la mañana siguiente a primera
hora y tras haber disfrutado nuevamente el uno del otro, él terminaba
su turno y entraban nuevos compañeros. Nos volvimos a ver nuevamente los días siguientes hasta que volvió a entrar de guardia, día idilico para los dos si no hubiera sido porque le dio a todo el mundo por
llamar a los Bomberos, además fue mi último día con ellos y hubo
despedidas, celebraciones y recogida de trastos varios.
Marcos y yo hablamos a menudo y nos vemos de vez en cuando, pero tras aquella semana de convivencia con ellos, debo reconocer que mi opinión sobre los Bomberos ha cambiado, no creo que pueda decir nada nuevo respecto a su trabajo y su dedicación que es ejemplar, pero además creo que son de otra pasta, más tiernos, más humanos y más dulces, dentro de esos cuerpos musculosos y esa sangre fría.
