Dos bocas insaciables (I)
Me dirigí hacia el restaurante donde habíamos quedado, me ibas a invitar a comer en un restaurante chino que tú conocías de mucha categoría y muy elegante, en una conversación anterior que habíamos tenido te reíste de mí cuando te dije que me gustaba la comida china y me dijiste que lo que yo conocía eran los “chinorris” recuerdas? Lo que nos pudimos reír los dos, y tenias razón, en encantó el sitio que habías elegido junto a la Plaza Castilla, cuantas cosas nos contamos durante la comida, y como me sacabas información sobre mi vida intima que no tenia intención de contarte, claro que tú no te quedaste corto hablándome de ti, la conversación duró toda la comida y cuando ya habíamos alargado demasiado la sobremesa y vimos malas caras en los señores chinos (estos tenían mucha categoría, jajaja) decidimos trasladar nuestro cuartel general a la terracita que había justo al lado del restaurante, donde por supuesto, continuamos contándonos cosas. Pasé una tarde genial, con un conversador maravilloso y una gran compañía.
Según avanzaba la tarde, yo cada vez te miraba más intensamente, sentía unas cosquillas en el estomago que no podía ser la comida, de echo y cada vez con más insistencia notaba unas ganas tremendas de besarte, de tocarte la cara, de cogerte de las manos y de que me pidieras que te acompañara a algún sitio, pero a la vez una vocecita en mi interior me pedía cautela, estábamos en la calle y en cualquier momento podría pasar alguien que nos reconociese a cualquiera de los dos.
En el momento de la despedida y de pie en aquella esquina, te acercaste a mí y pasando tu mano por mi espalda me besaste en los labios varias veces, yo sentí un temblor que me recorrió de arriba abajo, no sé si por el temor a que alguien nos viera o por lo mucho que me gustaron aquellos besos tan suaves, sentía que quería más y además los quería más profundos, más húmedos, que era como yo estaba en ese momento, pero nos separamos y cada uno se dirigió hacia su coche, eso sí, tú me llevarías hasta la salida de la autopista porque yo no lo conocía, y mientras te seguía en mi coche iba pensando que me moría por sentir tus besos. Cuando llegamos a la entrada de la autopista, te pegaste a la acera, yo hice lo mismo y vi como te bajabas del coche y te dirigías a la ventanilla del mío y metiendo tu cabeza en mi coche me besaste directamente, sin mediar palabra, beso que yo te devolví con ansia, tu lengua dentro de mi boca, la mía le salía al encuentro, nuestra saliva se mezclaba, mi mano se dirigió a tu cuello y acariciaba tu pelo rizado, tu mano la sentí sobre mi cara y tus dedos acariciaban mi mejilla... en un momento determinado, apartaste tu boca de la mía el tiempo suficiente para preguntarme “¿quieres que pasemos la noche juntos?”, no sé cómo ni porque pero mi contestación fue “no” a pesar de las ganas que tenía de estar entre tus brazos, volviste a preguntar “¿estas segura?” y tras contestarte que si, decidiste no insistir más y volver a besarme largamente... uuummm que besos, me sabían ricos, húmedos, y tu lengua confirmaba lo juguetona que sabia ser y la de cosas que me podría hacer si me decidiera.
Nos apartamos con desgana y tras despedirnos una vez más te encaminaste hacia tu coche y nos separamos sin concretar un posible nuevo encuentro.
Pero lo habría... y no tardando mucho.
