Mi primer beso
Cuando conocí a Jesús, era una cría que empezaba su primer año de instituto y que no había salido con ningún chico en pareja. Teníamos una pandilla de amigos y amigas, pero con ninguno había nada importante.
Mi madre consideraba que además de las clases en el instituto, debía aprender mecanografía, si quería trabajar algún día como secretaria. Había una academia cerca de mi casa y mi madre me apuntó aunque como había pocas plazas, tuve que ir a última hora de la tarde / noche, lo que obligaba a mi madre a ir a buscarme a la salida cada noche para que no volviera sola.
Al principio, las clases eran odiosas y tediosas, y me aburría como una ostra, hasta aquel día en el que apareció por primera vez Jesús.
Era muy alto, tres años mayor que yo, rubio, ojos azules, cara muy dulce, pijo y una sonrisa con un hoyuelo en la barbilla que nada más verle, hizo que me temblara todo el cuerpo y mucho más las manos... ya no podía escribir a maquina, me era imposible concentrarme.
Las primeras noches, yo esperaba a mi madre en la puerta de la academia mientras Jesús se iba en la misma dirección que yo llevaba, después cuando llegaba mi madre, podía verle por delante de nosotras y llegaba hasta la parada del autobús que había en la puerta de mi casa.
Una noche mi madre estaba ya esperando, nosotros salimos los dos juntos y tras presentarle a mi madre al nuevo compañero, empezamos a andar los tres hacia mi casa, donde nos separamos. Pasó el tiempo y nos hicimos muy amigos y un día le dijo a mi madre que no saliera más a recogerme, que él me acompañaría cada noche, mi madre encantada... y yo más.
Era un encanto, alto, guapo, simpático... me tenía enamorada, pero no me atrevía a decirle nada, hasta que un día, mientras íbamos andando, me cogió una mano y entrelazó nuestros dedos. En aquel momento mi corazón se paró, notaba un sudor frío y un temblor por todo el cuerpo, era la primera vez que un chico que me gustaba me cogía de la mano, entonces... en vez de bajar por la calle que iba directa hacia mi casa, me llevó hacia otra donde no pasaba gente, había poca luz y un banco, nos sentamos y pasándome un brazo por los hombros, me atrajo hacía él y... me besó!!!! Madre del Amor Hermoso!!!!!!!!! ¿Cómo explicar lo que sentí?
Me dio un beso en los labios, mi boca con los labios cerrados le devolvía el beso que se estaba haciendo eterno, entonces noté su lengua rozándome los labios, yo sorprendida los abrí, su lengua penetraba en mi boca y la mía se movía sola, se acercaba tímidamente a la suya, sin saber lo que tenía que hacer, solo sabía que me gustaba ese beso, me gustaba su sabor, me gustaba estar entre sus brazos, y me gustaba mucho Jesús. Hasta con los ojos cerrados veía lucecitas, estrellitas, tenia mariposas en el estomago, me temblaban los brazos y tuve que ponerlos en su cuello. Tras varios besos más, nos separamos de mala gana aunque para mí era imposible ponerme de pie, me temblaban las rodillas, tenía palpitaciones, veía borroso y tuve que enfocar bien la vista antes de poder andar. Jesús me miraba y sonreía y yo le miraba con la boca abierta, asombrada, queriendo más, entonces me abrazo y me dijo que era tarde y nos pusimos a andar, su brazo por encima de mis hombros y mi brazo rodeando su cintura... sintiendo su calor... su olor...
Estaba en el séptimo cielo, iba flotando, con una sonrisa de oreja a oreja y perdiéndome en esos ojos y esa sonrisa.
Aquella noche, como es normal, no dormí nada y a la mañana siguiente llegué a clase como un robot, lo único que veían mis ojos una y otra vez era la escena de mi primer beso, mis amigas notaron que pasaba algo y cuando se lo conté, se armó un jaleo pidiéndome hasta el último detalle, que yo gustosa les describí.
En clase de matemáticas mi profe me pilló mirando por la ventana con cara de atontá (que era como me sentía yo en ese momento) y tras llamarme la atención me dijo que el mundo no era de color de rosa... pero para mí... en ese momento... si lo era, y lo fue durante mucho tiempo más que duró mi relación con Jesús.
Éramos unos críos, nos mirábamos con ojitos tiernos, no existía nadie más a nuestro alrededor y ahora, tras muchos años, Jesús sigue teniendo un rincón muy especial en mi corazón
