Anoche soñé contigo
Anoche soñé que te veía, y soñé también que me sonreías, vi tus ojos negros y yo me perdía en ellos, vi en tus gruesos labios una sonrisa dirigida a mí. Tus manos fueron a mis mejillas, acariciaron mi cara, bajaron a mi cuello y sujetando mi nuca me inclinaste la cabeza lo justo para besarme, suavemente primero pasando tu lengua por mis comisuras, después la pasabas por encima de mis labios, rozabas mis dientes y provocabas que yo abriera mis labios para recibirte, degustar tu sabor, tu lengua y la mía en una sola boca,
Mis manos te acariciaban la cara despacio, me estaba aprendiendo de memoria tus facciones, las pasaba por tus ojos, por tu frente, por tu boca y aprovechabas para besarme la punta de los dedos.
Tu boca bajaba por mi cuello y yo inclinaba la cabeza hacia atrás emitiendo un gemido, sabes que es mi punto débil, tus besos en mi cuello, el reguero de fuego que deja tu lengua cuando baja hasta ese punto que palpita.
Mientras tus manos se pasean por mi cuerpo, una de ellas busca mi pecho y se encuentra con mi pezón erguido, duro y rozándolo con la palma de tu mano comienzas a hacer círculos, apretándolo cada vez más, tus dedos lo pellizcan y yo noto una mezcla de placer y dolor que me hace gemir. La otra mano roza mis rodillas pasando al interior de mis muslos y subiendo hacia arriba llega al pliegue de mi entrepierna, se abre paso por entre mis labios ya lubricados y me introduces dos dedos hasta el fondo y se vuelve a escapar otro jadeo de mi garganta.
Mis manos buscan tu sexo erguido, duro, lo aprieto y noto como palpita, como salta, ahora eres tu el que jadea al notar la presión de mi mano, y bajando mi cabeza me la llevo a la boca donde me llena toda, la impregno de saliva, la chupo succiono.
Nos hablábamos sin palabras, nos veíamos con las manos y aprendíamos de memoria cada pliegue de nuestra piel, sentía que era una despedida definitiva, notaba un dolor grande en el pecho, te necesitaba para seguir respirando, te gritaba para que no te fueras y cuando desperté sobresalta, sentí miedo, mucho miedo... porque sabia que te había perdido y porque no sabía si había dicho tu nombre en voz alta.
Ya no estoy en tu vida, es algo que noto, como una sensación, no hay certeza, solo un mal presentimiento
