Fiesta en el chalet (II)
Juan y yo pasamos la noche juntos, fue interminable, larga, me hizo el amor de varias maneras, todas deliciosas, por la mañana bajamos a desayunar tarde y vimos una nota que decía que todos habían salido al pueblo más cercano y volverían a la hora de la comida, estábamos solos, hacia calor y decidimos bañarnos en la piscina desnudos, a los dos nos gustaba bañarnos sin ropa.
Ibamos riendo, bromeando y las caricias y los recuerdos de la noche pasada nos mantenía excitados, nos metimos en el agua y tras nadar unos largos se apoyó en una de las paredes y yo tras él, continuábamos jugando, pero estando abrazados yo a su cuello y él a mi cintura, las risas se convirtieron en jadeos, respiraciones entrecortadas, su boca en la mía, mis piernas rodeando su cintura, entonces me penetró con movimientos lentos pero fuertes, firmes.
Me tenia cogida de la cintura y me subía y bajaba sobre su pene erguido, me tenia ensartada, mis brazos apoyados sobre sus hombros y mi cabeza echada hacia atrás, sintiéndome liviana, ligera, su polla rozando las paredes de mi vagina y penetrando muy dentro de mí, sus movimientos aumentaron de velocidad, provocando en mí un orgasmo intenso que hizo que gritara su nombre entre espasmos, pero no estaba dispuesto a terminar, y aminorando el ritmo continuó fallándome despacio hasta que volvió a escucharme pedirle más, entonces aumentó el ritmo hasta que, esta vez los dos juntos, llegamos a corrernos y terminamos abrazados fuertemente, como si fuéramos un salvavidas el uno para el otro. A pesar del agua de la piscina que nos rodeaba, yo notaba su leche caliente dentro de mí y él notaba en su polla los espasmos de mi vagina que la aprisionaba, como si no quisiera que saliera de mi interior.
Tras recuperarnos salimos del agua, yo me dirigí a una tumbona y Juan fue a preparar unos aperitivos y unas bebidas, cuando venia con la bandeja en las manos, yo veía su pene flácido moverse al compás que sus musculosas piernas le marcaban y me entraron unas ganas tremendas de comerme esa polla, eso me gustaba y cuando se puso a mi lado para soltar la bandeja, yo le agarre de las piernas y llevándome su pene todavía caído a la boca, empecé a chuparlo, lamerlo, succionarlo, quería tragarlo todo, yo sentada en la tumbona, él de pie junto a mí con las piernas abiertas y agarrando mi cabeza, apretándola contra si provocando en mi arcadas y cuando retiraba la cabeza, su polla salía empapada de mi saliva, ya no estaba en descanso, estaba dura, erguida, palpitante, yo podía ver sus venas marcadas, ahora el que gritaba mi nombre, era él cuando doblándose ligeramente y con fuertes espasmos le sobrevino el orgasmo.
El primer chorro de semen lo tragué, pero después retiré mi boca, yo quería que me saltara a la cara, lo notaba en mis párpados, sobre mi nariz, bajando por mi mejilla hasta el cuello y pasando mi mano por mi cara, me lleve un dedo mojado en su leche hacia mis labios saboreando su dulce néctar.
Estaba impregnada por su sabor y por su olor, lo notaba en todos los poros de mi cuerpo y tras darnos una ducha rápida, decidimos dar un descanso a nuestros cuerpos en las tumbonas y dedicarnos, esta vez si, a los aperitivos y a esperar al resto del grupo que no tardarían en volver.
