En su habitación (I)
Nos dirigíamos en su coche por la urbanización hacia el chalet de su familia, hoy no había nadie y estábamos impacientes por llegar. Abrió la puerta con un mando a distancia y entramos con el coche.
Yo quería hacer el amor con él en su habitación…. Dejarle un recuerdo mío. Tenia un presentimiento, lo nuestro no podía durar mucho… los dos teníamos nuestra propia vida.
Cogiéndome de la mano, nos dirigimos a la parte posterior de la casa y ví una piscina, donde él se “refrescaba” cuando se levantaba de la siesta pensando en mí. Entramos en la casa y nos dirigimos directamente a su habitación… los dos lo estábamos deseando y ansiosos, casi desesperados, nos lanzamos en un beso sin fin, hambriento, su lengua devorando mi boca, la mia recibiéndola, sus manos cogiendo mi cara y ladeándola hacia un lado y hacia otro, las mías agarradas a su cintura, sujetándome, notaba como si estuviera cayendo al vacío y él fuera mi tabla de salvación.
Sin separar nuestros labios…. nuestras manos se buscaban, se acariciaban, como si quisiéramos grabar nuestras facciones en la memoria. Nos quitamos la ropa despacio, era casi una tortura, su boca bajó hacia mi cuello y siguió bajando hasta mi pecho, donde se apoderó de uno de mis pezones que ya estaba erguido, duro.
Ya desnudos, me reclinó sobre la cama, se acercó a su mesita de noche y abriendo un cajón, sacó unos pañuelos de seda, yo le miraba sorprendida, puso mis brazos hacia arriba y los ató los dos juntos al cabecero de su cama, mis piernas abiertas, anudadas a la parte inferior de la cama, estaba excitada, sabía que era una de sus fantasías, me miró fijamente a los ojos…. como si se estuviera despidiendo de mi, y a continuación lo ví todo oscuro cuando me puso el otro pañuelo y me lo ató en la nuca.
Ahora si que estaba excitada… húmeda… ansiosa… todo en mí palpitaba, me costaba trabajo respirar, pero quien pensaba en respirar?, solo pensaba en donde estaría él, qué me iba a hacer, donde me lo iba a hacer. Me sentía indefensa… a su merced.
Entonces, sentí el suave roce de sus labios en una de mis muñecas, junto al pañuelo que me mantenía inmovilizada para él, noté una descarga eléctrica por todo el brazo que me hizo mover todo mi cuerpo en esa dirección.
Otra vez sin notar nada, mis oídos se esforzaban por escuchar algún movimiento para identificar donde estaba él, silencio total. Otra vez sus labios besando mis tobillos, después se retiraba, ahora el roce lo noté en mi ombligo, era su lengua que marcaba círculos sobre mí. Yo jadeaba y notaba la boca seca. Como si leyera mi pensamiento, lo siguiente que noté fue su boca en la mía, llenándome de su saliva. Metió uno de sus dedos en nuestras bocas y sacándolo húmedo, rozó uno de mis pezones.
Ahora, era la parte interna de mis muslos los que recibían su atención y subiendo llegó a mi sexo, su lengua limpió mis jugos, los bebió sin dejar ni una gota, como si estuviera sediento, acarició mi clítoris sin llegar a tocarlo, rodeándolo, martirizándome, pasó entonces a mi vagina donde su lengua entraba y salía primero despacio, después deprisa, volvía hacia mis labios, los lamía, llego al clítoris y ahora sí, lo succionaba, lo chupaba, lo mordía.
Yo le pedía que me desatara, quería tocarlo, acariciarlo, besarlo, lamer su sudor. Pero solo podía gemir, deseaba apretarle su cabeza entre mis piernas cuando noto su lengua follandome cada vez más deprisa, pero solo puedo levantar levemente la pelvis.
Siento una descarga y le pido a gritos que pare, que me voy a correr y que no puedo más, pero él sigue….y me corro en su boca, descargando más fluidos que él bebe.
Me había prometido un día que me haría la “mejor comida” de mi vida.
