Concentración familiar en Cazorla
Hace un año aproximadamente, hicimos lo que mi hermana denominó una “kedada o concentración de primos” (éramos todos primos hermanos, primos segundos y algunos amigos de los primos…. Jajaja), hicimos una reserva multitudinaria en un hotel de Cazorla, en un marco incomparable, era un hotel donde mi hermana y su pareja, que son moteros, suelen ir para sus concentraciones, las vistas eran… por un lado olivos y más olivos, y por otro un castillo que al subir escondía un anfiteatro en perfecto estado. Consigna: cachondeo a tope.
La llegada fue escalonada, pero desde el primer momento ya prometía, las primeras en llegar fuimos mi hermana y yo como organizadoras del evento, y un poquito más tarde llegaron unos primos míos que venían acompañados de Iván, un amigo suyo al que conocíamos desde que éramos niños
Estaba muy cambiado, más maduro, más interesante la treintena le había sentado muy bien, hubo besos para todos, gritos de alegría al reencontrarnos y unas miradas intensas entre él y yo.
Nos dividimos para acompañar a los recién llegados a sus habitaciones y sin saber como, me ví acompañando a Iván. Yo llevaba la llave y una bolsa y él un troller y otra bolsa, abrí la puerta y pasamos dejándola abierta, él me indico que le pusiera la bolsa que yo llevaba en el baño, cuando salí la puerta de la habitación estaba cerrada, nos miramos directamente a los ojos y acercándonos lentamente, nos fundimos en un beso tímido, solo nuestros labios se tocaban, sin palabras, con los ojos abiertos, mirándonos, extrañados por nuestra reacción, luego sus manos se dirigieron a mi cara, su tacto era suave, delicado y en esos momentos nuestros ojos se cerraron y nos entregamos a un beso más intenso, lengua con lengua, su saliva en mi boca, mis manos se dirigieron hacia su cuello y las suyas bajaron por mi cintura y se dirigieron hacia mi espalda. Su boca abandonó la mía y se deslizo hacia mi cuello, mi cabeza se inclinó hacia atrás haciendo que salieran por mi boca jadeos de placer.
Las manos de Iván pasaron a mis pechos, masajeándolos, y abriendo mi blusa los sacó del sujetador y los atrapó con su boca, su lengua haciendo círculos sobre mis pezones que ya estaban erectos, lamiéndolos, succionándolos. Mis jadeos iban en aumento y mis manos se dedicaron a sacarle la camisa por la cabeza sin entretenerme en quitarle los botones. Una de sus manos me acariciaba el interior de los muslos por debajo de mi falda subiendo hasta tocar mi tanga que ya estaba húmedo.
A toda prisa, él me desnudó y me dejó de pie en medio de la habitación, quería verme desnuda mientras él se quitaba el resto de su ropa, volvió a besarme, a acariciarme y bajando lentamente pasando su lengua por todo mi cuerpo de repente le ví de rodillas con su cabeza entre mis piernas, que las separó con sus manos, yo notaba su lengua acariciando mis labios, mi clítoris, entrando en mi vagina, mis manos empujaban su cabeza cada vez más y mis jadeos le anunciaron que estaba a punto de correrme. Era muy excitante, verme de pie desnuda, mis dedos pellizcando mis pezones y la cabeza de Iván entre mis piernas, comiéndose literalmente mi coño y bebiendo todos mis jugos.
Tanto me excitó verle a él a mis pies masturbándome, que quise hacerle lo mismo. Cuando me recuperé un poco de los espasmos del orgasmo, le indiqué que se pusiera de pie y fui yo la que inició el descenso hacia su entrepierna, su polla erecta, hinchada, dura, saltó directamente a mi boca que hambrienta la recibió. Me la metí lentamente, hasta el fondo y sus manos empujaban mi cabeza indicando el ritmo que quería que siguiera y metiéndomela más adentro, quería follarme la boca hasta el fondo, el movimiento de mi cabeza pasaba de lento a más rápido, volviendo a ser lento, casi inmóvil pero con toda la polla dentro de mi boca, yo de rodillas… él de pie… yo le miraba a los ojos…. él me miraba… y avisándome que se iba a correr, yo apreté su culo con mis manos para que no saliera y se corriera en mi boca. Así lo hizo, noté su semen caliente en mi boca, tragándolo todo, sin desperdiciar ni una gota, y él convulsionándose hasta derramarse entero dentro de mí.
Después nos metimos en la ducha juntos y nos enjabonamos el uno al otro, jugando… riendo….
Cuando bajamos al bar del hotel donde ya había una gran “concentración”, nos separamos y nos mezclamos con los demás y notamos algunas miradas de complicidad, con sonrisas que nos decían que sabían lo que había pasado entre nosotros, y nosotros… nos miramos con una sonrisa en nuestros ojos.
Prometía la “kedada”.
