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Dama Placer

30-08-2005 13:51:22

Regalo

Archivado en: General — Galilea @ 01:51

Relato enviado por ANGEL como continuación de “En el parking”.

No podía ocultar la excitación que me producía aquella mujer a mi lado. Su hambre se dejaba traslucir en cada gesto que hacía, y eso me ponía cada vez más cachondo. Fuimos a su coche tras una larga conversación que no hacía más que desesperarme y hacer que la sangre afluyera a mi polla poniéndola a punto de reventar.
La dejaba pasar por las puertas en un acto de galantería que servía para fijarme en su imponente culo. Un insinuante culo que me invitaba a darle un empujón con mi polla empinada, que enloquecida pugnaba por liberarse. Un culo acogedor al que arrimarse y dejar que albergara mi falo anhelante de carne ardiente.
Sentados ya dentro de su coche, lo que nos dijimos durante la cena con los ojos, las palabras, los gestos, comenzamos a decirlo con las manos, las bocas, las lenguas... Magistralmente me había aliviado hasta la extenuación el ardor que me hinchaba la polla desde hacía horas. Su lengua recorrió el fuste de mi falo, el filo de mi capullo púrpura, y succionó y jugueteó con ella hasta recibir la corrida que no pude reprimir. La expresión de glotonería que se dibujaba en mi cara me hizo desear entregarle toda mi leche, y elevó el placer sentido a alturas que no recordaba haber visitado. Cuando las últimas gotas de semen se escurrían por el cuerpo de mi polla, ella las siguió con la punta de la lengua sin reparo, sedienta todavía. Y el brillo de sus ojos hizo que comenzara de nuevo a despertar el deseo que había estallado en mí hacía escasos segundos.
Hasta entonces sólo había saboreado su boca, su lengua, su dulce saliva que me sirvió para lubricar un duro pezón que me maravilló. Y ahora la veía recostada sobre el asiento, su respiración agitada, su mano posada sobre mi polla desinflada, acariciándola suavemente. Y los labios brillantes de saliva, y restos de mi semen resbalándole por la barbilla. No pude, ni quise contenerme y le lamí la cara, recogiendo con mi lengua las humedades que la impregnaban.
Mis manos acunaron sus pechos, pellizando sus pezones enhiestos que me arañaban las palmas. Le dije quedamente que se abriera de piernas. Vestía una falda amplia, que permitía a sus monumentales piernas una completa libertad de movimientos, y que durante la cena no dejaron de moverse inquietas. Mi lengua explorando en su boca deseaba otras bocas, y mi mano se paseó por el contorno de sus piernas cubiertas, que ante mi orden se habían desplegado en la estrechez del coche. Buscando otros huecos, otras texturas llegué a su pubis. Aaaa... el volcán que bullía en su entrepierna me puso frenético. Le levanté la falda, y me agaché deseando mirar ese portento natural. El olor que flotó desde su coño me embriagó. Perdí el control. Ese aroma dulce, profundo, sensual, abrió todos mis apetitos. Le bajé las bragas negras que llevaba, empapadas, chorreando de su esencia, descubriéndose ante mí un maravilloso pubis de abundante y espeso vello negro. Y entre esa fascinante negrura su coño palpitante se mostraba abierto ante mí de un rojo brillante. Aspiré el olor dejado en sus bragas, y las arrojé lejos, zambulléndome entre sus piernas. Mis mejillas rozaban la suavidad de sus muslos, y la fragancia que despedía su coño me alcanzó de lleno. Uuff... no podía contenerme, deseaba aspirar, rodearme de esa atmósfera de por vida. Respiré profundamente, y hambriento apliqué mi boca abierta a su sexo. Fue un beso profundo. La follé con mi lengua frenéticamente... lamía los jugos que se derramaban por sus labios... recorría estos con mis labios... y su clítoris endurecido por la excitación me penetró a su vez. Me dediqué a él mientras mis dedos exploraban el interior de su coño. Un mar de deseo los recibió, y dentro chapotearon, bucearon, repasaron sus paredes estrechas, hinchadas... Con fruición chupé su botón ardiente, y los movimientos de su pelvis se hicieron salvajes... Miré hacia arriba sin dejar de frotarle con mi lengua... y su cara lasciva, de perra jadeante, me puso como loco... Estaba apretándose las tetas, los pezones los atrapaba y pellizcaba... Y entonces los vaivenes de sus caderas se hicieron más frenéticos, la amortiguación del coche comenzó a funcionar, y mi cuerpo recogido a sus pies se adaptó más al estrecho espacio. Su pierna derecha descansaba sobre lo que fue mi asiento. Estaba completamente abierta y cubrió mi cuerpo con su amplia falda, posando sus manos sobre mi cabeza, y apretándola fuertemente contra su coño. Sin control, mi boca se aplicaba a exprimirle su clítoris. Mis dedos hacían un sonido húmedo de chapoteo, rodeados por carne ardiente que los apresaba sin dejarlos marchar. Y entonces estalló en fuertes convulsiones... jadeos sin reprimir llevaban el ritmo de las pulsiones de su coño contra mi cara... La tenía empapada de sus jugos y yo estaba borracho de su olor, aaahh... espléndido olor que me hacía olvida el resto... era yo y un coño estallando en oleadas de éxtasis...
Su orgasmo se prolongó durante largos segundos en los que no dejaba las caricias. Las contracciones de su vagina me aprisionaron los dedos, y mi cara estampada contra su velludo pubis no quería despegarse de allí, de ese calor tórrido y húmedo que lo recibía en un ambiente dulzón y espeso. Olor a sexo que me inundaba y del que no quería salir.
Cuando me reincorporé sobre mi asiento, abracé a esa mujer pasional, mujer viva como ninguna, que me había agraciado con una breve visita a su mundo de sexo y deseo. Los cristales empañados del coche hacían nuestro mundo de pasión más íntimo, más particular. Ya no existía el mundo exterior. Sólo nuestros cuerpos y el sexo... y mi polla que de nuevo despertaba.


Gracias Angel por tu regalo.



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Comentarios

  1. Si los lee Berlanga los dos relatos os propone hacer un corto. Muy buenos.

    Sigue asi, me encantas con bajones o sin ellos.
    Andi

    Andi — 31-08-2005 20:42:44

  2. Los bajones son inevitables Andi, lo bueno de ellos es cuando se sale.
    Me encanta verte por aqui.
    Un beso.

    Galilea — 02-09-2005 14:44:29


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