Lo que te conté (III)
Comencé sin saber lo que hacia a chupar aquel enorme miembro que sembraba en mi boca multitud de babas, su gordo capullo taponando mi boca me obligaba a respirar por la nariz mientras ella intentaba hundir su polla cada vez más adentro de mi boca con movimientos que se aceleraban, con bruscas embestidas que cada vez se hacían más y más violentas. Sus gemidos se grabaron en mi mente inutilizada para pensar hacia ya un buen rato.
Mis manos seguían inmóviles y parece que todo el movimiento corría a cargo de ella, sus manos agarrando mi cara, manteniendo mi boca encarada en su polla, su culo, rozando mi pecho al realizar los movimientos de entrada y salida de su polla en mi boca, toda ella era una serpiente de movimientos pensados para follarme la boca, mientras yo, inmovilizado, seguía chupando con un hambre cada vez más voraz mientras notaba el calor de su polla aumentar al mismo tiempo que aumentaba el liquido que emanaba de ella. Y fue ese el momento, por sorpresa, inesperado, en el que, con su polla en mi boca, sus manos agarrando con fuerza mi cabeza, y sus gemidos de perra en celo como banda sonoro, el calor inundo mi boca, primero el paladar y la lengua, para finalmente notarlo en la garganta, notarlo volver por bajo de mi lengua fluyendo hasta mis dientes y más allá, hacia los labios, por la parte de dentro en un primer instante, vertiéndose por fuera, brotando de ellos más tarde, el calor llego a sentirse en la comisura de mis labios, en mi barbilla e incluso en mi pecho. Se había corrido dentro de mi boca y sus últimos espasmos hundieron su polla más adentro de mi boca de lo que lo había hecho antes.
